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8.9.10

Cuando me fui - Germán Walter Choquevilca


Con mis manos gastadas de mendigo
me aleje de tus pasos sin retorno.
Iba hacia el sud, desnudo de palomas,
con un sol de maíz sobre los hombros.

Bajo mis pies el vientre de la tierra
era un largo horizonte de sonrojos.
Me empujaban los pájaros del viento,
el herrumbre infinito del otoño.

Iba solo de nombres de mujeres.
Iba envuelto en harapos majestuosos.
Quizá buscaba la luz que me negaron
en el sol terminal del territorio.

Dejaba el clima del hombre sedentario.
¡Era austral la derrota de mis ojos!
Llevaba un dios pagano en las alforjas
y la herencia de América en el rostro.

Crucé el río divisor de latitudes
Sobre el relincho espeso de los potros.
Allá lejos un cielo ultramarino
limitaba el espejo de mi asombro.

Atravesé las urbes de la tierra,
la igualdad vertical del equinoccio.
A mis ojos, la luz de las ciudades
eran selvas de enjambres luminosos.

Cuando extendí mis dedos alfareros
para entibiar mi sangre en los rescoldos,
un abrazo centrífugo de asfalto
me arrastró en un tumulto pegajoso

La vorágine gris del mecanismo,
reclamaba un esfuerzo poderoso:
dejar el alma detrás de los suburbios
y guardar el rebaño de los lobos.

Reconquistar el sol, las libertades,
fue a regresar en sueños al otoño.
Recuperar mi credo americano,
fue reunir en silencio mis despojos,
decir adiós al hombre programado
y perderme en los cielos anchurosos.

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